El sabio consejo de que "prevenir es mejor que lamentar" se aplica perfectamente en el caso de hongos en la piel, particularmente en épocas de intenso calor ambiental pues, al aumentar la sudoración, crece la posibilidad de contraer dichas afecciones.

Por ejemplo, tratándose de pie de atleta, para obtener mejores resultados de los antimicóticos tópicos se deben mantener los pies limpios y secos, utilizar calcetines o medias limpias todos los días, bañarse con sandalias y emplear calzado cómodo y no ajustado (nunca de plástico) para permitir que el aire ventile la piel.

Algo similar sucede con aquellas infecciones superficiales que atacan a otras partes del cuerpo, por ejemplo, manos o axilas, por lo que es preciso bañarse a diario, utilizar ropa de algodón (favorece el libre paso del aire y, por tanto, evita que se acumule exceso de humedad) y procurar que las áreas afectadas permanezcan tan secas como sea posible, a fin de combatir la afección.

Para mayor seguridad, conviene recordar que los antimicóticos no deben emplearse cerca de los ojos ni en la boca; tampoco están indicados para niños menores de 2 años, durante el embarazo y la lactancia.

En cuanto a su almacenamiento, deben conservarse en lugar seco y fresco, pues el calor, humedad y luz directa pueden alterar tanto los ingredientes del producto como su acción terapéutica, disminuyendo su eficacia.

Además, como todo medicamento, se recomienda mantener los antimicóticos de libre acceso fuera del alcance de los niños y verificar la fecha de caducidad antes de utilizarlos, a fin de garantizar que su eficacia sea la esperada.


Fuente: www.saludymedicinas.com.mx